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Concierto Centenario de Gomez Palacio | "ENSAYO SOBRE LA FUNDACIÓN Y DESARROLLO DE LA CIUDAD DE GOMEZ PALACIO" | Página 2 | Página 3
 
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TRANVIAS.
Los tranvías de mulitas comenzaron a circular en el mes de Diciembre de 1898, para entonces ya se encontraba trabajando la planta de alumbrado público que había sido puesta en servicio el 2 de abril del mismo año. Para el efecto, se había formado una compañía con el siguiente consejo de administración: - presidente Juan Brittingham, y secretario Miguel Torres y tesorero Carlos Michaud.
Frente al hotel Unión en la esquina de las calles Ampuero -Francisco I. Madero y Cerviago -Centenario,
Tenían su terminal los tranvías de mulitas, de ahí partían rumbo a Lerdo por uno de los lados del camino real y llegaban hasta la plaza de armas; los que iban a Torreón después de cruzar tajos, arenales y el vado seco de1 río Nazas, terminaban su recorrido frente a la antigua estación de los ferrocarriles de la ciudad coahuilense. Los tranvías cambiaban de animales en cada terminal y contaban que uno de los conductores más conocidos y que fue de los últimos en prestar servicio, era un señor llamado Sósteres que siempre andaba vestido de charro y hacía sonar un cuerno anunciando el paso del vehículo por las calles empedradas o polvorientas de las tres ciudades.
Los tranvías prestaban servicio de pasaje y carga, y en el año de 1900 transportaron un millón 222 mil pasajeros y manejaron 18 mil 600 toneladas de carga, ascendiendo sus ingresos en ese año a más de 100 mil pesos.
A consecuencia del buen negocio obtenido con los tranvías de mulitas, la empresa gestionó y obtuvo del gobierno federal, la concesión y el permiso de cambiar el sistema de tracción animal por el de fuerza motriz. Para el objeto se reorganizó la compañía aumentándose el capital, quedando integrado el consejo de administración de la siguiente manera: Lic. José Sariñana, presidente; Miguel Torres, tesorero; Lic. Pedro Alvarez, secretario, Lic. José Zurita primer vocal, Gonzalo Siller segundo vocal; Canutó Gamboa comisario y suplentes Donato Gutiérrez, Sucesores de Hernández Hnos., Lic. Praxedis de la Peña, . Ulpianó Ruiz Lavín; León Signoret y Adolfo Aymes. La nueva empresa se llamó. Ferrocarril Eléctrico de Lerdo a Torreón S.A. y desde luego dieron principio. los trabajos correspondientes.
En el año de 1899 se había formado otra compañía de tranvías de mulitas para operar directamente de Lerdo a Torreón, las vías. comenzaron a extenderse sobre los terraplenes al terminarse de levantar éstos. Al salir de Lerdo cruzaban el tajo. de La Línea sobre un angosto puente de hierro. conocido como Puente Negro porque estaba pintado de ese color; después. seguían los rieles en línea recta hasta Santa Rosa vieja y hasta ahí llegaron las obras. Se decía
que la nueva empresa era propiedad de los chinos dueños de hortalizas y de los concesionarios del restaurante en la estación de los ferrocarriles en Torreón y que el principal propósito era proveer diariamente de carnes y legumbres frescas al restaurante. Pero entonces vino la aprobación federal para que circularan los trenes eléctricos y se suspendieron los trabajos dc la compañía de chinos, siendo indemnizados por la inversión hecha. Años después, los bordos levantados por la empresa de los asiáticos, sirvieron en algunos tramos para extender la carretera del Autoclub de la Laguna.
El día 3 de marzo de 1901, comenzaron a correr los primeros tranvías eléctricos de Gómez Palacio a Lerdo, al terminarse de construir la vía férrea con una extensión de 5 kilómetros 340 metros; precisamente a los cuatro meses se terminó la vía a Torreón y el día 3 de julio del mismo año tuvo lugar la inauguración oficial de toda la línea, la distancia del tramo de la vía de Gómez a Torreón era de 5 kilómetros 477 metros.
Al final de la actual calle Independencia, se establecieron las oficinas de la empresa tranviaria y la gran planta de fuerza motriz,. en la acera de enfrente quedaron los talleres y depósitos de los carros..
Los tranvías estaban pintados de color amarillo y los de primera clase eran cerrados, con . asientos de bejuco, tenían dos motores uno en cada extremo del vehículo, de esa manera el motorista al llegar a las terminales cambiaba el carro de un lugar a otro. Estos tranvías remolcaban dos coches de segunda clase que eran abiertos, con pasamanos y estribos a los lados por donde pasaban conductores e inspectores revisando los boletos, tenían asientos de madera del ancho de los carros y se volteaban en cada terminal para. que fueran los pasajeros de frente. Los tranvías de segunda median 10 metros de largo cada uno, casi el doble de los de primera. Los convoyes formados por los tres coches transportaban una cantidad considerable de pasajeros en cada viaje y salían de las terminales cada quince minutos.
Al establecerse el servicio eléctrico, la compañía contaba con cinco tranvías de primera clase, diez de segunda, tres coches chicos para correo y equipaje, más nueve plataformas para carga, dos de ellas tenían motores y una caseta en medio donde se asentaba el trole y remolcaban las otras plataformas.
El personal estaba integrado por un superintedente general que era el norteamericano E. Stein, doce motoristas, doce garroteros, ocho conductores, ocho inspectores y tres vendedoras de boletos, una en cada terminal. Estas tenían salas de espera con bancas y expendios de boletos, que costaban diez centavos los de primera clase y cinco los de segunda, los pasajeros que subían en las paradas intermedias donde no había expendios para adquirir boletos, pagaban un recargo de dos centavos en los coches de primera y un centavo en los de segunda clase. Tiempo después desaparecieron los expendios y el valor del pasaje se cobraba a bordo.
La tripulación de cada corrida la formaban el motorista que manejaba los controles de velocidad en los motores, el garrotero o trolero que aplicaba los frenos en las paradas y arranque del tren y cuidaba que el trole no perdiera el contacto con los cables aéreos de la energía eléctrica y esto se lograba manejando un cordel sujetado a la carretilla que hacía que se deslizara, por su parte el conductor recorría los carros, revisando o cobrando los boletos; en cuanto a la labor que desempeñaban los inspectores era vigilar el buen funcionamiento del servicio y checaban que todos los pasajeros tuvieran su correspondiente boleto. Los motoristas y conductores realizaban su trabajo debidamente uniformados con traje y cachucha de casimir azul obscuro, parecido a los que usa el personal ferroviario en los trenes de pasajeros.
En las plataformas se prestaba servicio de acarreo entre las tres ciudades, las que iban casi siempre abarrotadas de mercancías, había una corrida en la mañana y otra por la tarde y se componía de tres unidades. Años después, cuando llegaron los automóviles y 105 camiones eran transportados en las plataformas cuando en la temporada de lluvias, llegaban las grandes avenidas del Nazas impidiendo el paso por el vado, todavía ni esperanzas que se levantara el puente sobre el río para el paso de los vehículos.
La vía de los trenes eléctricos, tenía una extensión total de 10 kilómetros 81 7 metros, sus durmientes eran de mezquite y los rieles de acero, contaba con ocho cambios y seis ramales y el puente construido sobre el río Nazas tenía siete armazones metálicas que descansaban en sólidos pilares dé piedra y mezcla, el puente medía 225 metros de largo. El costo de estas instalaciones ascendía a más de 500 mil pesos.
La planta chica que estaba en el molino El Brillante en forma provisional, fue trasladada al edificio donde estaba la nueva y potente planta motriz que generaba la fuerza para poner en movimiento los tranvías. La pequeña planta siguió proporcionando el alumbrado para los servicios públicos.


Tranvías de Allen Morrison
En esta dirección se encuentran fotografías de tranvías de México y diferentes partes del mundo.(muy buena!!)
MERCADO BACA ORTIZ
Ocupando toda la manzana sexta, ubicada entre las calles Aedo y Rascón por un lado y Santander y Juárez por el otro, los Lavín permitieron que gratuitamente se establecieran comerciantes al menudeo y placeros, los que levantaron cuartos de adobe y carpas y de esa manera se formó el primer mercado que entonces se llamaba Parían. Al estar por terminarse el mercado municipal que se estaba construyendo en 1901, los propietarios del terreno donde estaba el parían, trataron de cobrar renta a los locatarios, quizá para acostumbrarlos a pagar cuando se cambiaran al nuevo local, pero los comerciantes no estuvieron de acuerdo en pagar plaza, por lo que se les obligó a que abandonaran la manzana sexta y se les permitió que se establecieran provisionalmente en las calles adyacentes a la plaza de toros, hasta la fecha continúan comerciantes en esos lugares con puestos y tendajones, conociéndose ese grupo como mercado del Parralito.
El mercado Baca Ortiz se inauguró en los primeros días de diciembre de 1901, construido por el contratista Kissinger con.. un costo de 40 mil pesos, aportados por una sociedad formada por varias personas y con el apoyo del entonces jefe político Jesús Vargas, que fue uno de los accionistas. Al ser cubierta la cantidad mencionada con los cobros en los locales del mercado más los intereses, pasó a ser propiedad del municipio.
El Baca Ortiz era un edificio de altas paredes de ladrillos rojos tanto exteriores como interiores, que sostenían armazones metálicas donde descansaban techos de lámina a dos aguas; ocho grandes verjas de hierro daban acceso al centro de abastos colocadas convenientemente, una en cada lado de la calle y otra en cada esquina. El mercado estaba circundado por anchas y altas banquetas enladrilladas y las entradas a las puertas tenían escalones.
El local lucía amplio y ventilado, contaba con tres anchos corredores interiores y los pisos tenían baldosas de ladrillo; En el primer tramo, estaban acomodadas en orden las tiendas de abarrotes y enfrente las carnicerías, los cajones de ropa y las mercerías; en el segundo andador las verdulerías y fruterías, puestos de loza de barro, huaripas, jarcias, etc., y los compradores y vendedores de fierros viejos. En el Centro, en círculo estaban las fondas de los "agachados" que así se les llamaba, donde se conseguían platillos de a cinco y diez centavos, una comida corrida costaba veinticinco centavos con dos guisados.
Años más tarde, cuando la escasez de alimentos en la época revolucionaria, por las mañanas se instalaban los maiceros en la banqueta del lado de la calle Escobedo, que eran los vendedores de maíz, formaban altos montones del cereal sobre petates y lo despachaban en medidas de madera de un litro que costaba cinco o seis centavos según la clase de maíz: ya fuera blanco, amarillo o pinto. Por la tarde desaparecían los maiceros, casi toda su mercancía era vendida y las banquetas quedaban limpias. Al caer la tarde llegaban las atoleras y las tamaleras, acomodaban sus ollas y botes en braseros de carbones encendidos y daba comienzo la vendimia; el jarro de atole liso valía dos centavos, el de grano tres y el champurrado cinco centavos; los sabrosos tamales (le carne de puerco se vendían a cinco centavos cada uno y los de sal costaban a dos tamales por cinco centavos. Estas vendedoras se colocaban en la banqueta del mercado del lado de la calle Rascón que en la actualidad es la Victoria.
El mercado Baca Ortiz tenía un reloj que marcaba claramente el tiempo en la pequeña ciudad, cada cuarto de hora sonaban las campanas y cada hora marcaba el número correspondiente con igual número de campanadas. El reloj estaba colocado en una alta torre, situado en la esquina de las calles Sol y Rascón; se decía que lo había armado un experimentado - relojero suizo o alemán que vivía en Lerdo. Parece que el antiguo y magnífico reloj aún funciona en el actual mercado José Ramón Valdés, colocado en medio del lado mirando por la calle Ocampo.
La mala suerte siempre persiguió al viejo mercado:
primero vinieron los saqueos a los comercios establecidos de parte de los revolucionarios, luego los ventarrones frecuentes en la región fueron levantando grandes tramos de láminas de los techos y finalmente, bastante tiempo después, un pavoroso incendio casi acabó con los pequeños locales comerciales de los locatarios, quedando en pie las altas paredes de- ladrillos rojos ennegrecidos por el humo del siniestro.
DESARROLLO INDUSTRIAL
En párrafos anteriores - se ha hecho mención de las industrias más importantes que existían a principios del siglo y que fueron la fábrica de hilados y tejidos de La Amistad, las factorías de La Esperanza y la fabrica de calzado La Unión que después fue La Cunard.
Por consiguiente, continuaremos dando a conocer las industrias faltantes y las que se fueron instalando hasta antes de 1910.
Donde actualmente está el cine Roma, en una área de 2 mil metros cuadrados se levantaba el molino de harinas El Brillante de la firma Enrique Sánchez y Cía. Los trabajos de construcción del molino comenzaron el mes de enero de 1898 y se terminaron en septiembre del mismo año, era un edificio de dos pisos en forma de jacalón, las paredes exteriores estaban pintadas de color azul, cortadas de trecho en trecho por ventanales que daban aire y luz al interior del molino, que constantemente en actividad hacía que sus chimeneas arrojaran bocanadas de humo, según descripción en el álbum del periódico El Popular
de 1901. Una desviación del ferrocarril llegaba hasta las puertas de las bodegas de la factoría y siempre se veían furgones estacionados, donde se descargaba trigo o se cargaban sacos de harina. Como todas las industrias de la época, El Brillante tenía su planta eléctrica propia y tanques de almacenamiento de agua con su respectiva noria, -sus patios se extendía una red de vía angosta de pequeñas plataformas. Al morir Enrique Sánchez, los hijos Carlos y Alberto se hicieron cargo del negocio y continuaron basta e tiempo en actividad.
Más allá del barrio de Santa Rosa; a una distancia de 3 o 4 kilómetros, se levantaban las altas chimeneas de 1os hornos que refractaban ladrillos a un lado del rancho El Pinto. La factoría tenía una producción diaria de 50 mil ladrillos rojos y blancos de gran calidad, que usados en las fincas más importantes levantadas en aquellos años, han hecho que hasta la fecha se conserven en buen estado. La fábrica era propiedad de la Compañía-. Ladrillera de Gómez Palacio, y había iniciado sus actividades en el año de 1900 con un capital de 100 mil pesos; el consejo de administración de la empresa estaba integrado por: Oscar Franck, Francisco de P. Venzor, Enrique Sánchez Santiago Prince y Juan Alba, el gerente de la ladrillera era el alemán Germán Hoffert. A poca distancia del lugar donde se localizaba El Pinto, pasa el ramal ferroviario de Gómez Palacio a Monterrey y ahí se estableció una pequeña estación de paso que se le puso el nombre de Francke, quizá en recuerdo de Oscar Franck e igualmente las plantas eléctricas que se han construido ahí llevan el mismo nombre.
En uno de los Cañones de la sierra del Sarnoso, se encuentran las instalaciones de la fábrica de dinamita y explosivos que fueron concluidas en 1904. Esta importante industria se organizó debido a las gestiones de Juan Brittingham; dos empresas francesas y la jabonera de La Esperanza que producía la glicerina para la fabricación de dinamita, formaron la Compañía Mexicana de Explosivos S.A. La negociación era manejada por técnicos italianos y franceses, continúa trabajando hasta la fecha manejada por la empresa trasnacional Dupont de México.
Alejado relativamente de las plantas se haya el poblado de Dinamita, donde se asientan las casas de empleados y obreros de la empresa, el pueblo se ha extendido y cuenta con escuela, hospital; capilla, etc.
La fábrica de hilados y tejidos La Victoria se localizaba en una gran extensión de terreno pasando el tajo de San Antonio, a poca distancia de la vía de los trenes eléctricos, en dirección a la calle Cerviago. Para cruzar el canal la empresa había construido un puente de gruesos tablones, por él pasaban los trabajadores y los carros tirados por mulas con materias primas o productos de la factoría, a uno de los lados del puente se había colocado un canalete hecho con mitades de tambos, por donde pasaba el agua de la acequia municipal para algunas necesidades de la industria.
Después de algunos años, la fábrica fue adquirida en sociedad por los españoles González y Colubi, los nuevos propietarios con el nombre de La Industrial del Nazas, dejaron de producir telas y en su lugar fabricaban casimires, frazadas, suéteres, etc., artículos de muy alta calidad que pronto se acreditaron en el mercado nacional. En sus mejores épocas La Industrial del Nazas llegó a ocupar cerca de 600 trabajadores en su gran mayoría mujeres.
Frente al parque Morelos existe una manzana de forma irregular entre las antiguas calles de Tabernillas, Cerviago y el camino real y la actual calle Aldama; era conocida como la manzana de La Cerillera, donde estaba instalada la fábrica de cerillos y fósforos El Fénix propiedad de Juan Salcedo y Cía.
Fabricaban cerillos de una y dos luces que se vendían en cajitas que tenían dibujos de los siete enanos del cuento de Blanca Nieves, otras cajas más grandes tenían una estampa de una locomotora. El edificio tenía altas ventanas por todos lados, donde se veían a los obreros en sus labores, en unas mesas largas numerosas jóvenes llenaban de cerillos las cajitas.
El gerente de la empresa, Juan Salcedo, vivía en un chalet de vistosos colores que estaba en el vértice de la calle Cerviago y el camino real -calzada Jesús Agustín Castro-; hace pocos años el chalet aún se levantaba ruinoso en el terreno donde actualmente está una funeraria. La casa se encontraba en el fondo y al frente tenía jardines y un barandal por el lado de las calles que formaban la esquina.
En tiempos de la Revolución, la fábrica de cerillos y fósforos en varias ocasiones sirvió de cuartel a las caballerías villistas y se causaron tantos destrozos que la factoría fue cambiada a la ciudad de México, según se rumoró por aquellos días en la ciudad.
Al fundarse la ciudad, don Santiago Lavín había hecho sesión a la compañía del Ferrocarril Central Mexicano de extensos terrenos para que instalara sus talleres y casa redonda, pero fue hasta el año de 1907 cuando la empresa norteamericana trasladó esas dependencias que tenía en Jimulco; al mismo tiempo se establecieron terminales de trenes de pasajeros y carga, llegando a trabajar por espacio de varios años, cerca de 2 mil ferroviarios en todas las especialidades.
Estos cambios beneficiaron mucho a Gómez Palacio impulsando su desarrollo y cuando se desencadenó la Revolución y desaparecieron algunas de las grandes industrias, fueron el principal sostén durante aquellos años aciagos.
Hace tiempo que la casa redonda talleres y terminales fueron trasladados a Torreón, quedando solamente el recuerdo de aquel centro ferrocarrilero que fue Gómez Palacio donde viven hasta la fecha ,gran número de trabajadores del riel ya jubilados.
En una de las esquinas de las actuales calles Independencia y Mina, la familia González tenía la fundición La Niña de Bronce. Los González encabezados por el padre don Juan Manuel, eran considerados unos buenos fundidores y sus trabajos muy apreciados por los industriales. Cuando la fundición cerró sus - puertas, la propiedad fue adquirida por el empleado de la jabonera Luis Madrigal, construyendo su residencia y a un lado la fábrica de clavos La Paz.
El guayule es un pequeño arbusto silvestre que crecía en abundancia en las tierras desérticas del Bolsón de Mapimí. Con el objeto de transformarlo en hule se habían levantado tres plantas procesadoras que se les conocía como las guayuleras. Dos de ellas estaban situadas al norte de la ciudad: la del alemán Otto Boerhing más allá del final de la ahora calle Madero y que en aquel tiempo se llamaba Ampuero y que después fue la fábrica de huaripas de otro Alemán llamado Guillermo Fielding. La otra guayulera estaba a un lado del despepite de Miguel Torres, en la prolongación de la actual calle Allende. Y por último, la tercer guayulera que se llamaba La Nacional se ubicaba en las orillas del barrio de Santa Rosa. Las plantas guayuleras estaban en lugares aislados, despoblados, y sus chimeneas despedían un humo pestilente de olor a hule quemado.
En la parte sur de la ciudad; al lado derecho de la última parada de los tranvías eléctricos, se extendía el barrio de los "correlleros", llamados así porque por ese rumbo se encontraban establecidas varias curtidurías de pieles. Las familias Ramírez y Huizar eran los dueños de esas pequeñas industrias, algunos de ellos habían trabajado como maestros curtidores en La Cunard. En esas sencillas factorías, además de procesar cueros, se fabricaban correas para diversos lisos y vaquetas para suelas. Estos productos tenían gran demanda entre la clase campesina porque con ellos hacían sus huaraches.
Los campesinos que vivían cerca a tierras desérticas, se dedicaban a golpear las pencas pulposas de un pequeño maguey llamado lechuguilla, que crecía en esos lugares; el
objeto de machacarlas era para extraerles el jugo y puestas a secar al sol, quedaban convertidas en hebras que desear; dadas eran el ixtle. Los humildes campesinos llegaban con sus burros cargados de atados de ixtle y los vendían a las jarcierías. Existían varias de estas pequeñas industrias donde el ixtle, retorciéndolo por medio de unas poleas de madera sostenidas con unos pies derechos se convertían en cordeles con los que fabricaban arpilleras, sacas para pizcar algodón, costales, alfombras, lazos o mecates delgados y gruesos para diversos usos, etc. Las jarcierías se establecían por lo regular en grandes solares y la de Mardoqueo Garay era la más importante, ocupaba gran número de operarios y su producción era de centenares de esos artículos, estaba situada frente al llano de la alameda que después recibió el nombre de Parque Morelos, en la esquina de las calles del Sol -Ocampo- y 5 de Mayo -Rayón-.
El maestro jabonero Mauro Fierro que había trabajado como tal en La Esperanza, estableció una pequeña fábrica de jabón por la calle Ampuero en donde se levanta actualmente la escuela Ignacio Zaragoza, que se pudo sostener durante algún tiempo porque sus humildes productos tuvieron aceptación, especialmente entre la gente pobre.
Tiempo después llegó a la ciudad, el norteamericano Guillermo Wilson Love con sus hijos Jorge y Pedro, compraron un terreno al otro lado de la ferretería de Carlos Stein donde daban vuelta los tranvías rumbo a Lerdo, al final de la actual calle Aldama. En ese terreno los Love levantaron una fundición y un taller mecánico, contando con un buen equipo de torneros y mecánicos calificados del ferrocarril, progresaron rápidamente. Comenzaron a fabricar molinos dc nixtamal manuales y cepillos y cilindros para los despepites; no había repuesto de maquinaria que no la fabricaran. Al fallecer don Guillermo los hijos regresaron a Estados Unidos, cerrando la interesante pequeña planta industrial.
También existían varias herrerías llamadas fraguas, donde se fabricaban ejes, muelles y ruedas para coches, guayines, bogues, etc., en fin, se arreglaban toda clase de desperfectos en los vehículos dé atracción animal asimismo se colocaban herraduras en los cascos de los caballos. Las herrerías más acreditadas eran la de Juan Betancourt por la calle Escorial -Nicolás Bravo-- y la de Cipriano Rivas situada en la calle Gómez Palacio -Morelós-, a media cuadra donde después estuvo el cine Iris.
El despepite de Miguel Torres ocupaba toda una manzana por la actual calle Allende, más allá del canal de San Antonio, estaba en despoblado y en el mismo terreno se instaló una guayulera. Aún se ven las ruinas de las paredes de adobes de los edificios donde funcionaron las mencionadas industrias.
Otras factorías que producían diversos artículos eran los siguientes:
La Estrella, fabrica de velas de diferentes clases que se vendían empacadas en cajas largas de madera.
La Liberal, galletas y pastas alimenticias.
La India, chocolates y dulces.
La Sonrisa, cigarros de hoja.
La Favorita, aguas gaseosas etc., etc.
En el año 1900 se localizaban en la ciudad los siguientes pequeños talleres y negocios
16 carpinterías.
6 jarcierías.
5 fraguas o herrerías.
6 hojalaterías.
6 sastrerías.
4 talleres de modistas.
1 rebocería y
1 talabartería.
 
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